17:06 h. Jueves, 13 de Diciembre de 2018

ICredactor

Elegir entre dos males en lugar de afrontar ambos como problemas

Redactor, fotografo y/o activista

ICredactor | 18 de Octubre de 2018

A menudo nos vemos eligiendo entre dos problemas en lugar de pensar en como solucionar ambos. Un caso típico es el del empleo y la industria de la guerra.

A Coruña, a 17 de Octubre de 2018

El mal en este caso concreto que hemos puesto como ejemplo es la guerra, la solución obvia ofrecer empleo en algo más  constructivo en lugar de en la "industria" de la destrucción. Es un problema que se debería afrontar con ética y valentía desde la política, no es solo un problema de intereses empresariales y derechos de trabajadores... ¿No es para eso que pagamos con generosidad a nuestros políticos?¿No es por eso mismo que tenemos tolerancia  con los abundantes beneficios empresariales... La causa última de ambas, generosidad y tolerancia, es la dedicación de los tiempos de ambos al bién común como fin último, con una generosa compensación por el tiempo, esfuerzo y dedicación.

De ambos sectores una sociedad espera eficiencia, creatividad, ética  y un cierto grado de generosidad, en otro caso no habría razón para tan amplio margen que se les concede en un contrato social.

Siguiendo el mismo razonamiento, hay un motivo evidente para que determinadas necesidades sociales estén cubiertas por servicios y empresas públicas. Dependemos de su satisfacción para nuestra propia supervivencia.

La necesidad humana en unos casos y el nacionalismo en otros nos lleva estos planteamientos. El caso de la necesidad humana no debería plantear dudas, el de la necesidad de los estados nación de mantener el control de determinados recursos y suministros necesarios bajo su control para garantizar su posición en el conjunto de naciones no es tan evidente. Somos humanidad, personas antes que ciudadanos o súbditos de un estado nación.

Los derechos humanos, como las necesidades humanas son algo inevitable, derivado de nuestra propia naturaleza y existencia como especie, la división en estados nación y la ciudadanía son fruto de las decisiones que hemos tomado a lo largo de la historia, de la lucha por el control de los territorios desde la política, algo que lleva hasta su último extremo nuestras diferencias en contra de la común naturaleza que nos une.

Tal parece que nuestro interés, personal o colectivo, tiene más peso en nuestras decisiones la satisfacción de las necesidades básicas y la conservación de nuestra propia existencia. A menudo entramos en dinámicas que nos arrastran a un mal fin olvidando, sumergidos como estamos en ellas y sus lógicas, el motivo original que una vez las puso en marcha. De vez en cuando deberíamos pararnos y reflexionar todos, o al menos algunos... ¿No es para eso que una sociedad sostiene a pensadores y filósofos?

Tal vez el mayor síntoma de la enfermedad de nuestros tiempos es que algunos pretendan desterrar a ambos y resucitar a dioses y tiranos que ya creíamos olvidados o al menos desterrados al último rincón del subconsciente, donde se alojan los instintos básicos, la irracionalidad, la ira, el odio y el miedo.

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